¿Será la camioneta invisible?

¿Será la camioneta invisible?

El sábado a alrededor de la 01.00 de la madrugada nos robaron la camioneta en Nueva Córdoba.

Había policías, había movimiento, había gente.

A las 2:00 nos dimos cuenta.

Desde ese momento empezó otra historia. Hicimos lo que correspondía: llamamos a la policía, realizamos la pre denuncia, fuimos al Ministerio Público Fiscal, dimos todos los datos.

Cumplimos con cada paso. Pero mientras el trámite avanzaba, la realidad iba más rápido.

A través del rastreador satelital, el seguro nos informó a las 8 AM que la camioneta ya estaba en Trancas, Tucumán.

En pocas horas, el vehículo había cruzado 3 provincias, más de 30 pueblos, rutas y controles.

Y ahí empezó la verdadera odisea. Volvimos al Ministerio Público. Volvimos a explicar todo. Volvimos a esperar.

Del otro lado, desde Tucumán, la respuesta era clara:

no había pedido de captura emitido desde Córdoba.

Y en ese vacío, aparece todo lo demás. La descoordinación. Las respuestas contradictorias. La falta de información clara.

La sensación de que cada área funciona por separado, sin conexión ni urgencia.

Mientras tanto, nosotros seguimos haciendo lo que podemos:

llamar, insistir, movernos, tratar de recuperar lo que es nuestra herramienta de trabajo.

Porque de eso se trata también: No es solo un vehículo. Es trabajo. Es esfuerzo. Es sustento.

Y en el medio, la pregunta que queda dando vueltas es inevitable:

¿Cómo puede ser que el delito funcione con tanta rapidez y coordinación, y el sistema que debe dar respuesta no logre hacerlo con la misma eficacia?

No se trata de señalar personas.

Se trata de visibilizar una situación que claramente necesita mejorar.

Porque cuando las respuestas no llegan a tiempo, no es solo un procedimiento el que falla.

Es la tranquilidad de quienes cumplen, confían y esperan ser protegidos.

Y cuando para avanzar hay que insistir, llamar una y otra vez o depender de gestiones personales, la sensación es clara: no todos estamos en igualdad de condiciones frente al sistema.

No, no era una camioneta invisible.

Lo que queda invisible muchas veces es la urgencia de las personas.

Y eso es lo que no debería pasar.

Porque un Estado que llega tarde no solo pierde eficacia.

Pierde sentido. No se trata de señalar responsabilidades individuales, sino de evidenciar una falla en un sistema que no responde.

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